En su nuevo espectáculo, el bailaor David Morales (La Línea de la Concepción, 1971) se atreve a proponer un viaje trasatlántico a partir del flamenco pero con una sintonía cómplice con otras músicas. “El Indiano” es algo más que un homenaje a los ritmos de ida y vuelta entre América y Andalucía, que en cierta medida prosigue el camino emprendido por el artista en el montaje “Abraçado”, una propuesta en la que la banda sonora de Juan Carlos Jobim propiciaba el reencuentro entre dos mundos unidos por un océano pero separados por las actuales fronteras a menudo inexpugnables de la Unión Europea.
Aquí y ahora, volvemos a encontrarnos con un Morales fronterizo como el de su primer espectáculo “Contrabandistas”, que nos invita a un claro diálogo musical en el que la milonga o la vidalita asumen acentos distintos según se interpreten a un lado y a otro de la mar oceana. Pero “El Indiano” probablemente sea la propuesta más arriesgada que David Morales ha afrontado, esta vez bajo la dirección experta de Julio Fraga, con quien ya coincidiera en “Viajeros del Estrecho”, un año atrás.
Así que, de nuevo, no sólo habrá que aplaudir el virtuosismo del bailaor y de sus compañeros de viaje sino su constante apuesta por ir más allá de los límites inmediatos del jondo, sin perder sin embargo un ápice de autenticidad. La pureza, como se sabe, no suele existir en ningún sitio y mucho menos en los puertos, de donde llegaron y partieron las grandes ideas, las palabras minúsculas o mayúsculas, la emoción de la bienvenida o de la despedida en forma de pañuelo, la ternura de la nostalgia y la música, como un polizón del tiempo que no necesita visado para residir en el territorio de nuestra intimidad.
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